La Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel

El campus de Ciudad Universitaria (C.U.) de la UNAM alberga un espacio ambiental muy importante: la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (REPSA). El área protegida es una porción representativa del ecosistema del Pedregal cuyo valor ecológico y cultural incumbe y beneficia no sólo a la comunidad universitaria, sino también a las colonias aledañas. Incluso el resto de la Ciudad de México obtiene buenos frutos de este sitio, uno de los pocos que no han sido desplazados por la urbanización acelerada. A diferencia de áreas como Chapultepec o los Viveros de Coyoacán, en donde el grado de intervención humana ha sido mayor, esta reserva ha sufrido menos alteraciones en su dinámica ecológica.

Reza un proverbio clásico nihil volitum, quin praecognitum: sólo se ama lo que se conoce. A pesar de que la reserva ha existido por 36 años y que goza de la protección de la Secretaría Ejecutiva de la Reserva Ecológica del Pedregal de San Ángel (SEREPSA), una gran parte de la comunidad universitaria ignora su origen e importancia. Quizá tampoco se sepa que el límite de velocidad establecido para la circulación de vehículos (40 km/h) tiene el objetivo de proteger no sólo a los peatones sino a la fauna que atraviesa los caminos. Aquellos pastos altos y despeinados que se observan detrás de las rejas de la Universidad cuando uno pasa por avenida Insurgentes, las rocas agrietadas en las que se practica escalada, el paisaje lunar que se asoma cuando asistimos a un concierto en la Sala Nezahualcóyotl, los camellones ubicados entre los circuitos que algunos transeúntes y automovilistas deciden utilizar como depósitos de basura, el área al fondo del Jardín Botánico hacia donde ya no se permite el paso, o los tlacuaches, confundidos en ocasiones con ratas, que investigan curiosos los basureros, son sólo algunos ejemplos de lo que conforma la reserva.

Texto completo